Entrevista a José Gabriel Palma en Folha de S.Paulo

octubre 18, 2015 por José Gabriel Palma
Gabriel-Palma

Entrevista realizada al economista, académico de las Universidades de Cambridge, Santiago y Valparaíso y director de RED, José Gabriel Palma, en Folha de S.Paulo, publicada en portugués en este enlace bajo el título “Brasil precisa ter mais ambição e mudar modelo”. Compartimos el original en castellano de la entrevista a continuación, donde el entrevistado analiza los problemas económicos crecientes de América Latina y China, y las perceptivas de la economía mundial.

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− Folha: Brasil está en el medio de una difícil recensión y una gran crisis política.  ¿Como ve su desarrollo?

José Gabriel Palma: En América Latina, pocas veces hemos tenido una desaceleración económica tan anunciada. Cuando tantos se deslumbraban con el crecimiento brasilero del 2010 (7.5%), la poca sustentabilidad de ese crecimiento era evidente.

Como se sabe, cuando los mercados financieros internacionales se tranquilizaron en el 2003 por la sorprendente orientación neoliberal del gobierno de Lula, se dio origen a un periodo de alucinación internacional con Brasil − no por casualidad se le otorgó la cede del mundial de fútbol y las olimpiadas. Tanto así, que a pocos les importó que la performance de su economía desde el inicio de las reformas económicas era muy pobre (en un curso que di en Cambridge en 2011 sobre Brasil, en un programa para ejecutivos de multinacionales, el CEO de una de ellas escribió como comentario al final del curso: “Ojalá que Palma esté equivocado; sino, la decisión que acabo de tomar de comprar una empresa brasilera a un precio muy alto va a ser la peor decisión que he tomado en mi vida”…).

Esto no sólo contrastaba con el rendimiento de la economía brasilera pre-1980, sino también con lo que sucedía en Asia.  En Brasil, como en el resto de América Latina, la filosofía de las reformas consistió en “tirar la toalla” respecto de la estrategia de industrialización anterior, porque la mayoría de los políticos y economistas interpretaron la crisis del ‘82 como prueba concluyente de que la región se había metido en un callejón sin salida.

Como decía Hirschman, la formulación de políticas económicas tiene una fuerte componente de inercia; por tanto, a menudo se continúan implementando aunque ya hayan pasado su fecha de vencimiento − y se transformen en contra-productivas.  Esto lleva a tal frustración y desilusión con dichas políticas e instituciones que es frecuente tener un fuerte “efecto rebote”.

− ¿Eso fue lo que llevó a reformas económicas tan drásticas en los ’90?

Sin duda.  América Latina post-1982 es un ejemplo extremo de eso.  El núcleo del discurso neo-liberal consistió simplemente en invertir la mayor cantidad de aspectos posibles de la estrategia de desarrollo anterior.  Fue como multiplicar la mayor cantidad de políticas económicas posibles por menos 1.  Esto explica las prioridades bastante peculiares, la rigidez, y la actitud mesiánica de las reformas − así como su pobre resultado.  El entonces presidente del Banco Central brasilero dijo que su tarea era “deshacer cuarenta años de estupideces [besteiras].” Con esta actitud marcha atrás, las reformas económicas, casi inevitablemente, terminaron siendo un ejercicio de “destrucción poco creativa”, especialmente respeto de la manufactura.  Algo muy diferente a lo sucedido en Asia, donde las reformas se implementaron como un mecanismo de re-ingeniería y fortalecimiento de sus ambiciosas estrategias de industrialización.

− ¿Qué debe hacer el gobierno para estimular la economía? 

Lo único cierto es que “más de lo mismo” no va a llevar a ninguna parte.  Para bien o para mal, lo que el modelo neo-liberal pudo dar, ya lo dio (como es el caso en Brasil y mi país, Chile).  Brasil ya produce productos primarios a nivel mundial; ya genera abundantes trabajos en servicios; ya tiene un retail y finanzas sofisticadas; mucho de lo que sobrevivió de su industria es interesante; etc.  Ahora hay que mostrar algo más de ambición − como en Asia − y dar el paso siguiente para re-industrializar el sector exportador, re-energizar el resto de la manufactura con políticas industriales efectivas y una macro pro-crecimiento, diversificar más la economía, regular de verdad las finanzas poniéndolas al servicio del sector real, trasparentar las instituciones y en especial la política.

La experiencia asiática indica que para crecer en forma sostenida se necesita invertir al menos un 30% del PIB.  Como en Brasil (y Chile) sólo el 1% se apropia de algo parecido a eso del ingreso, financiar ese nivel de inversión debería ser perfectamente viable.

Pero ello es poco probable en economías donde lo que más interesa es la especulación financiera, y donde lo que más abunda son las fallas de mercado y los privilegios, la poca competencia, las instituciones tímidas, y una inteligencia “progresista” llena de conflictos de interés.  Este contexto premia a especuladores, rentistas y traders, a los traficantes de influencias políticas y de información privilegiada.  A su vez, castiga a la inversión real, a la diversificación productiva, a la absorción tecnológica, y a la industrialización del sector exportador.  Así, pocos se van a molestarse en invertir más allá de lo necesario para depredar recursos naturales en forma competitiva (lo que conlleva algunas actividades interesantes), y desarrollar no transables de bajo desafío tecnológico.

Según la revista Forbes, el PT en Brasil creaba en 2013, con su economía prácticamente empantanada, un nuevo individuo con más de 30 millones de dólares, excluyendo su residencia principal, cada 27 minutos.  Es una lastima que en Brasil el encánalo de corrupción en PETROBRAS distraiga ahora tanto la atención pública del problema de fondo: el modelo económico neo-liberal ya dio todo lo que podía dar, y como un vino que ya se trasforma en vinagre, ya pasó su fecha de vencimiento (y hace rato) − llegando hoy a ser un modelo político-económico ya más contaminado que la Bahía de Guanabara.

Pero como nos decía Keynes, “People usually prefer to fail through conventional means rather than to succeed through unconventional ones.”

− ¿Por tanto, el gobierno debe aumentar los impuestos a los ricos?

Brasil ya tiene ingresos tributarios muy altos (cerca del 35% del PIB), pero su estructura es regresiva pues de todos los países del mundo que recauda tanto, Brasil es el único en que los de ingreso alto contribuyen tan poco.  Además, su uso es poco eficiente ya que la inversión pública es una de las más bajas del mundo; como porcentaje del PIB, esta inversión no llega ni a un tercio de lo que se invertía antes de 1980.  Por puro fundamentalismo, el modelo neo-liberal ha creado artificialmente este talón de Aquiles.

− En este momento el Real se deprecia rápidamente respecto del dólar.  ¿Qué efectos va a tener esta depreciación?

La depreciación del Real es muy positiva − de lo poco positivo que pasa en Brasil. Un Real sobrevalorado solo ayuda a los especuladores y rentistas.  Y el mejor momento para devaluar es cuando la economía está en recesión, pues minimiza su efecto inflacionario − y así puede tener efectos reales.  Uno de los fundamentos de la rápida recuperación en Chile después de la crisis del ’82 fue una rápida devaluación real del peso.

Los neo-liberales siempre hablan de la necesidad de “get the prices right”, pero parece que poco les importa que el precio más importante de la economía, el tipo de cambio, haya estado tan “wrong” por tanto tiempo, como en los últimos años en Brasil y Chile.  Y ha estado tan “wrong” porque reflejaba realidades financieras artificiales y frágiles, movimientos inestables de capitales rentistas, y precios insostenibles de los commodities − y no lo que pasaba en la economía real.

Entre 2007 y 2013 el déficit comercial brasilero en manufacturas creció en 70 mil millones de dólares, y a casi nadie le importaba porque era fácil de financiar con el excedente comercial en commodities; lo fundamental de lo que pasa ahora es que se acabó la fiesta y llegó la cuenta.  La sobrevalorización del Real también subsidiaba la fuga de capitales (como también lo hacían algunos préstamos del BNDES, que subsidiaban la inversión brasilera en el exterior).

− ¿Cuánto puede afectar a Latinoamérica la desaceleración China?    

Cuando el nuevo Premier chino asumió en el 2013 se encontró con dos grandes desafíos: poner orden en las finanzas, y reorientar el crecimiento “hacia adentro”. Uno se debía a que el stock de crédito ya representaba casi 3 veces el PIB; lo otro, a que su economía se desaceleraba.  Lo primero porque el volumen de crédito ya había saltado de US$9 billones a US$28 billones en tan sólo 7 años, replicando en este incremento todo el stock de crédito norteamericano.  Lo más problemático era su desregulado “shadow banking”, el cual copiaba las peores prácticas de las hipotecas-basura.  Y la economía se desaceleraba porque su estrategia de crecimiento se agotaba.  El principal problema era que ambos objetivos de política − poner orden en las finanzas y reorientar el crecimiento − eran muy difíciles de reconciliar.

− ¿Y qué hizo China en ambas direcciones?

En lo financiero se necesitaba un des-endeudamiento ordenado, precios que reflejaran mejor el riesgo, y agentes que pagasen los costos de sus malas decisiones − una disciplina ya olvidada en casi todos los mercados financieros.  Así, por primera vez, se dejó entrar en moratoria una empresa estatal y una gran empresa constructora privada.  El Banco Central también recapitalizó bancos estatales, diseñó seguros de depósito para permitir quiebras bancarias sin crear pánico, e hizo swaps de bonos municipales.  Finalmente, trató de frenar el “margin lending” que impulsaba la subida meteórica de las bolsas de Shanghai y Shenzhen.

− ¿Y en cuanto a la desaceleración económica?

China necesitaba pasar de una estrategia liderada por la inversión y su fácil financiamiento, a una con un mayor equilibrio entre el consumo y la inversión.  La actual era insostenible tanto por los niveles de deuda, como porque la inversión ya llegaba al 47% del PIB (más del doble que en Brasil).  Mientras tanto, el consumo de los hogares representaba apenas un tercio del PIB (la mitad que en Brasil − donde este porcentaje es tan alto sólo por la exuberancia de unos pocos y las deudas de muchos).  Es obvio que tanto China como Brasil deben re-balancear sus crecimientos, pero en direcciones opuestas.

− ¿Y que fue lo que falló en China?

Se dio demasiada prioridad a re-estimular la economía, pues la desaceleración tomaba velocidad — el año pasado el consumo de acero cayó por primera vez en 3 décadas.  El problema fue subestimar el nivel de fragilidad financiera — por ejemplo, se dejó que el valor de las acciones siguieran subiendo a tasas insostenibles (150% en doce meses, lo que ayudaba a un sinnúmero de burócratas a hacerse multi-millonarios − los conflictos de interés no son sólo exclusividad de la “nueva izquierda” latinoamericana…).  De pronto, y por razones circunstanciales, algunos especuladores claves decidieron tomar un respiro (y tomar sus ganancias), y el resto los siguió como manada.  Su resultado fue el “3-3-3”: en 3 semanas, el índice de la bolsa perdió 1/3, lo que redujo su capitalización en 3 billones de dólares.  Si el gobierno no hubiese actuado con tanta energía estaríamos de vuelta a la crisis asiática del ’97, pero multiplicada por 10.  Pero las acciones drásticas del gobierno (en parte para resguardar el valor de los activos financieros de sus mismos burócratas) hasta ahora no han solucionado nada, solo contenido la debacle.  La tarea fundamental aún está por delante; y la incompatibilidad entre los desafíos de cómo ordenar las finanzas y cómo reorientar y re-estimular la economía son cada día más grandes.  ¡Pocas veces la economía mundial ha dependido tanto de cómo un pequeño numero de burócratas solucionan un dilema como ese!

− ¿Cree que los países de América Latina perdieron una gran oportunidad para reorientar su desarrollo cuando los precios de sus commodities estaban altos y abundaban las finanzas?

En América Latina la gran “década perdida” no fue la de los ’80, sino la del (mal llamado) superciclo de los commodities.  Durante los años de la bonanza exportadora y financiera, en nuestra América se dio origen a un crecimiento tan mediocre como que, por el lado del gasto, cinco sextos de ese crecimiento era simple expansión del consumo y, por el del producto, dos tercios era simple expansión del empleo.

Esta bonanza permitió a un conjunto de populistas de derecha y de centro-izquierda aumentar el gasto social, para que así todo lo demás pudiese seguir igual.  Como nos decía un filosofo alemán, quizás Brasil confirma eso de que la forma más efectiva de dominación es aquella en la cual se “sub-contrata” la dominación a los representantes de los dominados.

Lo que pasó en Brasil también nos recuerda lo que dijo Freud (en otro contexto político), “In reality our fellow-citizens have not sunk so low as we feared, because they had never risen so high as we believed.”

Así se podía seguir tranquilamente con un modelo de acumulación neo-liberal que no es más que un conjunto de fallas de mercado, las cuales son un paraíso para especuladores, rentistas y traders (incluidos los políticos), y un purgatorio para la economía real.  Parafraseando a Oscar Wilde, en un modelo así ganar plata haciendo algo socialmente útil es signo de falta de imaginación.

− ¿Y qué va a pasar ahora en America Latina?

Es difícil saberlo.  Pero Venezuela es un desastre absoluto, y lo más probable es que eso va a terminar muy mal.  En Argentina el Kirchnerismo puede ganar las próximas elecciones, pero la situación económica es insostenible − y en ambos países muchos de los avances sociales logrados en el pasado ahora sólo existen en estadística alegres.  México está cada día “más cerca de EEUU y más lejos de Dios”.  Y en Brasil y Chile hace rato que el experimento neo-liberal de “centro-izquierda” topó fondo.

Y mientras en nuestra región el panorama es cada día aún más depresivo, en Asia, con todos sus problemas, reina un pragmatismo envidiable.

Mientras en nuestra región los “progresistas” se tragaban eso de que las reformas neo-liberales eran una genialidad de Dumbledore (a la cual lo único que les faltaba era un toque social), en Asia su sabiduría milenaria les decía que eran obra de Voldemort…

Freud otra vez: “We welcome illusions because they spare us emotional distress [...].  We must not complain, then, if now and again they come into collision with some portion of reality and are shattered against it.

- ¿Cuál es su opinión de la economía mundial?  

Aunque cueste creerlo, siete años después de la crisis del 2007/08 estamos con los mismos mercados financieros internacionales, igual de desregulados, e igual de monstruosos e insaciables − y aún más líquidos que antes (y, por tanto, aún más autodestructivos) por los efectos de la política monetaria expansiva de los países desarrollados.

Y mientras más liquidez persigue a una oferta limitada de activos financieros mínimamente sólidos, hay más “atochamiento” de demanda y suben sus precios — como en las bolsas que llegan a récords históricos.  Pero como estos precios no están para nada relacionados con los fundamentos de la economía real, son vulnerables a correcciones bruscas.

Y como ahora ya no se puede esperar que China sea la misma locomotora de antes, como los sectores públicos de los países desarrollados ya gastaron toda su pólvora (sus niveles de deuda son siderales), como en la zona del Euro los problemas se pretenden solucionar sólo en formal virtual (como en Grecia), y como los problemas político-económicos internacionales se multiplican (la crisis migratoria en Europa es sólo uno de muchos) las perspectivas de la economía mundial son poco alentadoras.

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