¿Qué esperamos de la Comisión de Ciencia para el Desarrollo? Ideas sobre el alcance de un próximo informe presidencial en un área postergada

julio 22, 2015 por Martín Pérez Comisso
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“Las ciencias tienen un rol insustituible en la reflexión sobre nuestros proyectos y posibilidades de futuro. Son ellas las que nos muestran el Universo del que somos parte y las oportunidades que se nos presentan. Son ellas las que nos ayudan a anticipar nuevos desafíos y a innovar en la forma en que los enfrentamos. Son ellas, finalmente, las que nos recuerdan, con el desinterés y la pasión con que buscan la verdad, lo que somos y el sentido humano de todo lo que hacemos”.
Michelle Bachelet

Desde Enero 2015 hasta ahora una comisión de 35 expertos y representantes del sistema nacional de innovación (SNI) han trabajado en la comisión presidencial de Ciencia para el Desarrollo bajo el mandato de la Presidenta Bachelet de generar “una estrategia, un plan que dé coherencia y sistematicidad” para el sistema de investigación e innovación nacional. Este mandato es extremadamente cercano al que 1945 el Presidente Roosvelt, de Estados Unidos, entrego a un grupo de especialistas liderado por Vanebar Bush bajo el lema “Science: The Endless Frontier” para una estrategia científico-tecnológica de su país..

Hoy sabemos que las consecuencias de ese plan han sido la creación de un modelo de desarrollo expansionista y de escasa sustentabilidad social y ambiental que ha colonizado gran parte del sentido común, con una lógica que reniega de lo racional, colaborativo y colectivo estableciendo un paradigma neoliberal y capitalista. A diferencia de el Chile del 2015, Estados Unidos hace 70 años tenía claro que tipo de crecimiento aspiraba y que estándar de vida deseaba: El sueño americano para la libertad de sus ciudadanos, sin importar las consecuencias que tuviera para el resto de la comunidad global.

Según Sheila Jasanoff este modelo genero una centralidad en torno a una nación en el conocimiento, dejando múltiples desafíos (culturales, territoriales,sociales, políticos y culturales) abiertos en las siguientes generaciones, en donde se demostró que la aspiración estadounidense no era sustentable en el tiempo. El problema del modelo de desarrollo, donde se justifico la necesidad de ciencia bajo el progreso y un desarrollo que Chile aún no define, es una de las principales interrogantes con las que partió (y terminará) está comisión. Como ya describió el miembro de la comisión y presidente de ANIP, Claudio Pérez Méndez, estos desafíos que como país no nos hemos respondido y que, está comisión tampoco es el lugar para responder.

Pero a pesar de ello, hoy el sistema nacional de innovación presenta desafíos que son necesarios de abordar y que esperamos que el informe presidencial sea capaz de resolver en sistematicidad, plan de coherencia y estrategia nacional. Entonces ¿Qué esperamos de los resultados de esta comisión?

Sistematicidad: Esperamos más valores que indicadores para la política nacional

Es razonable esperar que por el panel de expertos académicos y sectoriales, el informe contenga un diagnóstico profundo y acabado en datos y evidencia sobre lo que ha hecho Chile en los últimos años. Pero estos “datos duros”, propio de comisiones de este nivel serán insuficientes para entregar sistematicidad. Aunque ha sido una fortaleza en todos los niveles del sistema nacional de Innovación (Conicyt, Corfo, CNID, Milenio, otros) el entregar evidencia recurrente con un alto nivel de transparencia, los valores en que se sustentan los diferentes organismos estatales del sistema nacional de innovación resultan tener una gran amplitud y en momentos, divergencias que generan distancias institucionales en donde las políticas públicas no parecen ajustarse para una misma tarea. Un ejemplo es la enorme inversión en el programa Becas Chile para la generación de capital avanzado, que ha enviado a más de 3000 profesionales en busca de grados de especialización al extranjero en los últimos 10 años, mientras que la política de inserción de CORFO para capital humano avanzado en el sector productivo no ha podido superar la centena de personas incluidas, a pesar de ser una de los diagnosticos que generan Becas Chile. Esto se debe a una falta de visión orgánica e institucional sobre las políticas que en los últimos 25 años Chile ha adoptado en el área (como aborde en un anterior artículo sobre la generación de política científica a base de comisiones presidenciales). Es urgente que la comisión tenga un énfasis en política del área y no solo en el cumplimiento y mejora de indicadores internacionales. Esta inorganicidad en el desarrollo reciente del SNI tiene que ver con un modelo de sociedad incompleto que adolecemos en Chile.

A pesar de que la comisión no puede proponer un modelo de desarrollo país, si puede establecer valores necesarios para empoderar a nuestro SNI, en caso de cualquier institucionalidad, que sean guía sobre los organismos e instituciones públicas y privadas sobre como esperamos generar conocimiento durante, al menos, la próxima década en Chile. La falta de estos valores generales por parte del Estado han sido una de las principales debilidades institucionales en el área para la aplicación de políticas públicas.

Ante esto sería esperable que la comisión posicione como valores del Sistema nacional de Innovación la excelencia, la colaboración, la innovación, la multidisciplina y la disrupción

Al decir excelencia sería deseable que la comisión cuestionase los actuales modelos de evaluación, que son dominados por la cientometría cuantitativa y comenzará a analizar, a pesar de su mayor dificultad, elementos cualitativos sobre las investigaciones nacionales ¿Es hoy el único indicador de excelencia tener un doctorado? ¿Son las indexaciones internacionales los mejores indicadores de la calidad de una investigación? ¿Cuales son la excelencia para el sector privado y público? Sería una revelación bastante inesperada el planteamiento de estás preguntas, pero aún más una propuesta sobre nuevas métricas y mecanismos institucionales que definan, para nuestra investigación, un estándar local de calidad.

Sobre la Colaboración, este es un valor intrínseco de la actividad científica, pero que gracias al modelo de financiamiento basado en el éxito individual, ha generado una comunidad científica con deudas morales, como la que denuncia actualmente el movimiento “Ciencia con contrato”, en donde los incentivos hacia el premio individual han generado una comunidad de profesionales de la ciencia subcontratados y subvalorados sobre proyectos de liderazgo individual. El cambio de estos incentivos es una propuesta necesaria (y que sería revolucionaria) por parte de este informe, tanto en como se entiende FONDECYT para el desarrollo de colaboración científica, así como en una redefinición de la naturaleza de la ciencia que establezca Chile. Hoy un error en los incentivos transfiere la responsabilidad individual a las organizaciones (estatales y universitarias) que no son culpables del egoísmo del sistema.

Potenciar el valor de la innovación en el país sería una propuesta de continuidad con el proceso anterior (Comisión Philippi), en donde el principal desafío es aumentar la calidad e mecanismos para la efectiva transferencia tecnológica, que actualmente en Chile tiene baja sistematización y esta limitada a problemas no bien estudiados por comunidades locales. Sería esperable también, que a contrasentido de como se han construido los procesos de investigación en Chile, este informe coloque énfasis en la multidisciplina para la resolución de problemas de mayor complejidad. Aquí el sistema nacional de innovación debiese ser preparado para un cambio cultural que permita comprender adecuadamente la investigación entre disciplinas, permitiendo que está se geste desde niveles básicos hasta la gran escala que hoy representan programas como FONDAP. Esto debería abrir la forma en que se entiende el conocimiento experto y las mesas técnicas en Chile, para abrir espacios a nuevas especialidades que hoy en Chile son de nicho, son débiles o que incluso no están presentes en el ecosistema de investigación nacional, como los estudios de ciencia y tecnología, la sustentabilidad, la comunicación de la ciencia, entre otros.

Finalmente, sería una interesante apuesta que la comisión definiese el valor de la disrupción para nuestro sistema nacional de innovación, el cual ha sido conducido por políticas sectoriales y esfuerzos personales a lo largo de su historia. Mecanismos para hackear el paradigma hegemónico de la excelencia por grado, o de la necesidad de investigar en el área exclusiva donde uno se forma son elementos necesarios para alcanzar nuevo conocimiento significativo. Un caso ejemplar es el físico chileno Cesar Hidalgo, quien dirige en MIT el grupo MacroConnetions, y aplica herramientas de la complejidad a estudios de economía y biología.

Para todo esto es clave fortalecer papel político del sistema nacional de innovación, especialmente de CONICYT, que es visto por la comunidad como una gran caja pagadora, invisibilizando otros importantes científicos (que incluso están en su ley, como asesorar directamente a la Presidencia de la República en la definición de grandes temas a largo plazo de la política científica y tecnológica nacional.

Plan de Coherencia: Esperamos más cultura científica y menos campañas de nicho.

El empoderamiento de la ciencia y tecnología por parte de los ciudadanos es un proceso donde el Estado debiese tener una responsabilidad activa, en donde, la comisión tiene la importante labor de saber dar protagonismo. En la actualidad, la comprensión de los mecanismos de divulgación de la ciencia se centran en una mirada de entregar conocimiento de ciencia acotados, desde una perspectiva asimétrica y de experto a lego (que caracterizan el modelo del déficit en comunicación científica), especialmente a niños y jóvenes en edad escolar. El sistema tiene enormes debilidades en la formación continua de experiencias y herramientas para el conocimiento científico en jóvenes, profesionales y adultos mayores, especialmente en regiones. Reconocer la importancia de este proceso en el aprendizaje vital (lifelong learning, en inglés) es entregar y ejercitar las habilidades científicas de preguntar, indagar y experimentar en contextos cotidianos, quitando presión al sistema escolar con la saturación de contenidos científicos en los currículos que impiden formar ciudadanos alfabetizados científicamente, y que hoy transformamos en adultos con escasa valoración y conocimiento comparado de su realidad.

Superar el modelo del deficit y avanzar a un modelo participativo es urgente, como el no hacer un modelo exclusivo a niños (como es el 85% de las actividades de divulgación de la Ciencia en Chile). Porque si algo necesitan los chilenos en medio de la gran crisis de las instituciones es poder ver futuro y soñar con un Chile para el cual nunca le prepararon. Existen iniciativas, pero que han sido centralistas y localizadas, y que no responden a una estrategia global del sistema nacional de innovación. Indagar sobre las cuestiones de nuestra realidad es la verdadera urgencia, para que no supere la apatía a las necesidades de desarrollo. Comprender el sistema y sus implicancias es clave para comprender la realidad contemporánea. La ciencia sin contexto resulta tediosa e insípida. La comisión tiene la oportunidad aquí de entregar una promesa a la ciudadanía de esperanza y futuro, transformando en el mediano plazo esta concepción.

Establecer como un objetivo transversal en los organismos del Estado el desarrollo de una cultura CTi aprovechando el conocimiento experto y trabajando colaborativamente los equipos y responsables de ellas no sería sorpresa. Tampoco lo sería el que la comisión establezca la necesidad de experiencias piloto en innovación de la cultura escolar para la valorización de la ciencia. Qué las propuestas tengan un énfasis en género, regiones y pueblos originarios sería algo deseable. Por último, no esperamos propuestas como un día de la ciencia, símil al día del patrimonio, que a pesar de ser necesario y de tener cerca de 50 años de historia (con la iniciativa de la Feria de Ciencia Escolar del MNHN) o de 20 años de la Semana de la Ciencia de Explora-Conicyt, los agentes y actores del SNI probablemente no verán la oportunidad (y obligación) de llevar al territorio su investigación financiada con fondos públicos en un día, reconociendo, valorando y empoderando a la red de divulgadores de la ciencia nacional.

Estrategia: Esperamos más política y menos técnica

Por último la presidenta Bachelet indica la estrategia como un elemento necesario para esta comisión. A pesar de ser un histórica al sector, la falta de institucionalidad, la cantidad de actores de equivalente importancia y las tensiones disciplinares hacen prever que seguirá siendo un tema pendiente el priorizar líneas estratégicas de investigación e innovación en Chile. El actual modelo, que permite a todo investigador calificado apoyado por una institución, obtener fondos para investigar lo que quiera (si aprueba un filtro de pares) resulta ser insuficiente para enfrentar los desafíos país.
Está definición estratégica tiene desafíos multinivel, entre los cuales podría tener algunas referencia a los procesos de regionalización, apoyando universidades regionales y entregando a los CORE la tarea de hacer esta priorización de áreas y tópicos. Para una efectiva estrategia hay que aprender a ver el conocimiento como un activo político, algo muy poco realizado en Chile, de modo que se asuma como una tarea ciudadana (y no exclusivamente gremial, como hasta hoy) la Alfabetización científica y tecnológica.

Al menos, confiamos qué habrán lineamiento y avances en temas de género, valoración del trabajo joven y carreras académicas tempranas (forjadas en academias de ciencia y olimpiadas o escuelas de Verano). También esperamos resoluciones sobre el inminente problema de inserción de doctores y magísteres en puestos de trabajo que potencien sus carreras profesionales, con grados de estabilidad que puedan superar la variabilidad de vivir de fondos concursables. Es un desafío para una de las grandes reformas de este gobierno el reconocer la relación entre la evolución del sistema universitario ha sido la evolución del sistema científico-tecnológico. El 80% de investigadores depende del sistema de Educación Superior, y esto es una dificultad estructural en nuestro sistema del conocimiento. Hoy en Chile la generación de conocimiento está altamente relacionada a la estabilidad de este sistema y a los incentivos organizacionales que tengan los espacios de educación terciaria. Es necesario que la comisión entregue lineamientos claros sobre el papel esperado de estas instituciones y esperamos que la comisión no omita tan importante relación en su discusión. Entre esto incentivos para la instauración de la cultura de actualización de las Universidades públicas y la generación de grandes proyectos investigación en líneas estratégicas y disruptivas elaborados con participación ciudadana y regional serían propuestas deseables de ver en este informe.

Nuestra propia revolución científica

En definitiva, esperamos que el informe presidencial que se presente esta semana valide a la importancia cultural y política de investigación y la innovación en el nuevo ciclo social y político que como nación debemos vivir. Para que no termine siendo un plan ciego de enorme éxito, este informe no debe dejar de reconocer su carácter político para que realmente dignifique y reconozca, con valores, acciones y propuestas concretas las tareas pendientes del sistema de innovación chileno (más allá de la institucionalidad, que lleva más de ochos años esperando hacerse carne) como ser parte de un programa nacional de desarrollo creado democráticamente y no meramente un ministerio sectorial y reducido. Confiamos que la visión de estos 35 expertos y sus colaboradores alcance para esto y muchas otras propuestas, que no se queden relevadas a un realismo tecnocrático que ha vivido el área en 25 años de gobiernos de comisiones de expertos, que le ha hecho renunciar a valores políticos como la colaboración, la multidisciplina y la disrupción del conocimiento chileno para su ciudadanía. Creemos que, finalmente, llego el momento de comenzar nuestra propia revolución científica nacional para el siglo XXI. Aspirar a lograr el impacto de la comisión de Vanebar Bush aprendiendo de sus errores es posible y necesario. Ahora es cuando definiremos nuestra frontera a alcanzar.

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