Segundo gobierno Bachelet y cuestión nacional mapuche

abril 17, 2014 por José Mariman

Un viejo conglomerado político, remozado con la presencia del Partido Comunista, ha asumido el gobierno del Estado (marzo, 2014) y ha aumentado su fuerza en el parlamento. Sin embargo, aunque la derrota de la fuerza rival parece aplastante, por cuanto la derecha apenas sobrepasó un tercio de las preferencias y quedó sumida en una profunda crisis, no lo ha sido en términos de compromiso ciudadano ni con el sistema democrático presente ni con los candidatos en particular. Las cifras de la elección presidencial muestran que votó menos gente y que Michelle Bachellet obtuvo menos votos que en la elección que la eligió presidenta por primera vez el 2006. Por lo demás, contrario al optimismo de su equipo de campaña, Bachelet sólo ganó en segunda vuelta.

Lo relevante de mencionar estos detalles radica en el hecho que la confianza ciudadana en la democracia chilena parece deteriorarse y el respaldo popular al gobierno Bachelet y a los partidos políticos de la NM, ni es tan masivo ni garantiza una lealtad per se de su electorado (a prueba de contingencias). Más cuando dicho conglomerado es percibido como fragmentado entre viejos concertacionistas, no comprometidos con los cambios, y nuevos NM que acusaron el golpe del movimiento social en las calles de Chile, a partir del 2011. La elección parece no haber sido un cheque en blanco, y en consecuencia el fantasma de una rearticulación del movimiento social en las calles, demandando reformas que el país desea, para terminar con los enclaves políticos que sobre representan una minoría nostálgica de la dictadura y sus intereses, es una posibilidad latente. La ciudadanía, aparentemente más empoderada hoy que en otros momentos pos dictadura, no parece estar para embustes.

¿Cómo encuentra esta nueva coyuntura al movimiento mapuche y en particular a su segmento más dinámico o contestatario: los mapuche autonomistas? En este breve artículo quisiera reflexionar sobre esta pregunta, ofreciendo un conjunto de presunciones, que se enlazan a mis subjetivas observaciones del momento político y del movimiento mapuche. La idea fuerza de este escrito es mi percepción, y a la vez aserción, de que el movimiento mapuche se encuentra en una situación débil, en términos de modificar a su favor la agenda del nuevo gobierno, quedando la iniciativa respecto de resolver sus demandas en manos de la voluntad política de las nuevas autoridades, más que en su de fuerza social y su capacidad de generar una correlación de fuerzas favorables a su causa.

1. Coincidencias reivindicativas y dispersión política. El mundo político mapuche

La coyuntura electoral permitió apreciar que no todos los actores políticos dentro de la sociedad mapuche mostraron interés en el proceso (me refiero a organizaciones y no a individuos). Este hecho más que ser excepcional confirma una regla, que viene imponiéndose desde las primeras elecciones pos dictadura. Hay fuerzas políticas en el mundo mapuche que miran con desprecio la vía electoral, justificando su discurso en lo poco que se puede obtener a través de ella, en lo difícil que es para un mapuche acceder a cargos de representación política bajo el sistema democrático diseñado por la dictadura, y en la condición de clientela electoral que le han impuesto históricamente a los mapuche las elites políticas dominantes de la nación estatal. Este parece ser el discurso de preferencia de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), que ante el perdón solicitado a los mapuche por nuevo Intendente de la Araucanía, Francisco Huenchumilla, ha dejado en claro su desconfianza en las autoridades y el sistema político. Pero también es la postura de sectores escindidos de la CAM, simpatizantes o concurrentes con de sus ideas. El Consejo de Todas las Tierras (CTT) también ha compartido este horizonte, aunque de manera zigzagueante. En sus orígenes a comienzos de los 1990 renegó de los procesos electorales calificándolos de occidentales y contrarios a la cultura mapuche; mientras que a partir de la segunda mitad de los 1990s su líder histórico comenzó a postularse a diputaciones, terminando el 2005 con un intento de transformarse en candidato presidencial.

Fotografía bajo licencia CC, disponible en  Flickrt

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Contradicen la anterior valoración de la democracia organizaciones representando un abanico más amplio de tendencias. Wallmapuwen (WMW), partido mapuche que se declara autonomista, cree y fomenta la participación política electoral, como una forma de acceder a un control legitimado de instancias de poder, para desde ahí destrabar y hacer posible la salida a sus demandas (hoy tiene representación en la alcaldía de Galvarino y dos concejales en otras comunas). Ellos apoyaron a Marcel Claude en la primera vuelta presidencial y después se restaron en la segunda. La asamblea mapuche de izquierda, que reúne entre otros a ex militantes de la organización Admapu de los 1980s y de partidos estatonacionales como el comunista y socialista, sigue viendo a esas instituciones estatonacionales y sus programas como la salvación para el pueblo mapuche. Fueron oposición al gobierno de Piñera pero hoy se aprontan a formar parte, junto a militantes mapuche de la democracia cristiana y del PPD, de la burocracia estatal, experimentando la contradicción deseo de ayudar a su pueblo vs. ayudarse a sí mismos.

Finalmente hay mapuche de derecha que han aparecido apoyando candidatos de ese bloque (Longueira-Mathei), aunque no hay organización mapuche de derecha con pretensiones de representación nacional del pueblo mapuche. La ENAMA, una corporación nacida recientemente en el mundo mapuche, y ubicada por el resto del movimiento como simpatizante de derecha (en justicia reúne gente de diversas tendencias entre las cuales hay de derecha), se dedicó más que ninguna otra organización a hacer lobby en las primarias, con la idea, entre otras, de solicitar un Ministerio Indígena para el país.

Lo curioso es que todas estas organizaciones, de alguna manera tienen más puntos en que coinciden en sus demandas, que aquellos en los que difieren, y sin embargo hay escasa capacidad de actuar juntas y articular alianzas duraderas entre ellas. Lo que los separa parece ser profundo, bajo la forma de ideas y de desprecio de unos por las posiciones de los otros. Los mapuche autonomistas, por ejemplo, desdeñan a aquellos que continúan dependiendo de instituciones políticas estatonacionales, que fomentan salidas burocráticas y asistencialistas a la problemática nacional del pueblo mapuche (un ministerio, por ejemplo); mientras los otros menosprecian a los autonomistas por considerarlos exaltados. Consecuente con lo anterior la demanda autonómica o de empoderamiento político y reconstitución de la comunidad política mapuche, es un motivo profundo para diferir, toda vez que ni ENAMA ni los mapuche de la NM –más allá del discurso- soportan dicha demanda. En el meollo de esta disputa se encuentra entonces un el tema central, como lo es la descolonización del indio y su transformación en una comunidad política de poder y con control sobre su cultura.

Ahora, si bien disentir no es malo, lo malo de estas rivalidades es que se dan en el contexto de una sociedad que no discute sus diferencias a manera de sociedad civil, si no que recurre preferentemente a ignorar al otro o al ataque descalificatorio (e incluso a agresión física entre militantes de diferentes grupos). Es posible decir que hay mesianismo en el mundo político mapuche, que se expresa en la convicción de que solo nosotros estamos en lo correcto y el resto debe subordinarse a nuestra visión y praxis política. Mientras no se superen estas rivalidades excluyentes en la sociedad política mapuche, lo que representa un gran reto, difícilmente ellos se constituirán en un bloque que confronte en conjunto al Estado chileno, terminando por debilitarse todos frente a él.

2. Producción político intelectual disminuida. Contradicción praxis/reflexión no superada

Un segundo elemento que refleja la debilidad del movimiento mapuche es el estancamiento en el terreno de producción de ideas y de una praxis desde el poder que ponga en acción sus reivindicaciones. En el primer caso no ha habido continuidad en la elaboración teórica de sus demandas y propuestas. A una década creativa como lo fue la de los 1990s, en que se colocaron varias ideas sobre autonomía en la sociedad estatonacional, siguió la década del 2000s caracterizada más bien por el practicismo. Con lo último se quiere implicar que el movimiento se enfrascó únicamente en batallas por la recuperación de tierras, por los derechos humanos de activistas presos (caso de la CAM en particular), o por juntar firmas para legalizar instituciones políticas, pero relegó al olvido la elaboración ideológica.
En muchos casos un discursos anti-intelectual viceral, resabio del estalinismo en la cultura de izquierda pasada de algunos líderes en estas organizaciones se exacerbó, para terminar aislando, subordinando o creando las condiciones para el éxodo de los militantes pensantes (amenaza en la disputa por la representación para cualquier líder sin instrucción). El argumento de que la escritura es propia de la cultura occidental y no de la nuestra, es una de las manifestaciones de esta ideología excluyente. Por esa vía varios ex militantes del CTT terminaron finalmente trabajando en sus profesiones o en sus casas. Y cuando no en la misma burocracia estatal que decían rechazar (incluso burocracia estatal controlada por la derecha). En el caso de la CAM entre sus pérdidas más notables está la del periodista e intelectual mapuche que posteriormente sería co-fundador de ENAMA, y a la cual militantes de la CAM califican sin pudor de derecha.

Fotografía bajo licencia CC, disponible en  Flickrt

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El practicismo se ha impuesto en variadas formas, de las cuales destacaré dos. Primero, el discurso impuesto por la CAM reivindicando el valor de los wiechafes (dominante en la década del 2000), que ha cautivado sobre todo a jóvenes mapuche. Una mitología que ensalza la figura del guerrero mapuche, como un ser dotado de cualidades éticas sobre el común, y que desafía la idea elemental de que los militares en cada cultura o sociedad, están entrenados para la guerra, y la guerra es aniquilar rivales y destruir los bienes del enemigo. Aquí se trata de combatientes preparados para ayudar a cruzar calles a abuelitas indefensas, pero que en los hechos habrían terminaron asesinando a una pareja de ancianos colonos y latifundistas, según la visión de la parte querellante en un proceso criminal en curso. Es cierto que la CAM se preocupó rápidamente de deslindar responsabilidades sobre este hecho, a través de un comunicado interpretado como delación por comuneros de una localidad cercana a los hechos, y que pertenecieron a la CAM. Pero no es menos cierto que la acción se produjo en la lógica de un discurso fomentado por la CAM, de recuperaciones de tierra de hecho, hostigamiento a latifundistas y empresas operando en territorio mapuche, realizadas por weichafes y en que la negociación con el Estado y los latifundistas en lo menos importante.

Un caso opuesto de praxis en contradicción con reflexión, pero desde el poder, es el que se desarrolla a nivel de políticos mapuche que han llegado a dirigir municipios. Cuando ellos no son representantes de partidos estatonacionales y en consecuencia obedecen sus propias directrices, la falta de un cuerpo de ideas sólidas tras ellos, que alumbre su camino se hace evidente. Ellos terminan administrando el poder como cualquier otro alcalde no indígena, bajo la idea de “gobernar en la medida de posible”. Al menos ese fue el discurso que hicieron en un conversatorio en Santiago y en la UDP, el segundo semestre del 2013, tres de ellos. La pregunta que se hacen algunos mapuche entonces y que valida la impresión de los autonomistas duros, es: ¿y para qué sirve entonces llegar allí? Algunos alcaldes ya cuentan a su haber 12 años de gestión y es posible y necesario pedirles cuenta. Por ejemplo ¿por qué el mapuzugun no ha encontrado espacio para ser usado como lengua oficial en su municipio: la administración y el sistema escolar? ¿Por qué cuando el 65% de la población de la comuna es mapuche hay que hacer las cosas con la anuencia de la minoría, cuando ellos en el disfrute del poder no han tenido semejante disposición? Por ejemplo, en materia de educación bilingüe.

Los casos anteriores hablan de la incoherencia entre praxis y reflexión, más cuando esta última no obedece a un programa político detallado, sino a improvisaciones. Tanto el rechazo visceral al aporte de las intelligetsias como las autocensuras una vez que se ha conquistado poder, han probado no aportar al desarrollo de una experiencia política mapuche autonomista. Mientras el movimiento mapuche no entienda y valore el rol de sus intelectuales, dándoles el espacio que requieren dentro de él, difícilmente se avanzará en definiciones programáticas necesarias para construir futuro. Y mientras los intelectuales no aterricen sus reflexiones y continúen eternamente trabajando en diagnósticos, tampoco se producirán avances ni se ganaran el respeto de otros estamentos de la sociedad mapuche, que no ve su utilidad. Los intelectuales deben avanzar a una etapa de proposiciones.

3. El ser o no ser de las alianzas. Combatiendo el solipsismo

Finalmente, una tercera observación tiene que ver con la escasa vinculación de los mapuche con las problemáticas de la sociedad estatonacional. Algunas organizaciones mapuche tienen –me repito en esto- actitudes mesiánicas en política. No ven con claridad la significación de articular alianzas entre ellas y con fuerzas políticas de la sociedad estatonacional. El CTT nación tratando a todas las demás organizaciones como “yanaconas”, y curiosamente ha terminado estos últimos dos años convocando a parlamentos en el cerro Ñielol en Temuco, de la mano de viejos líderes para los cuales fueron acuñados esos epítetos. La CAM siguió ese sendero pero dio un paso más allá. Algunos de sus militantes han practicado el matonaje y agredido a militantes de otras organizaciones. Otros simplemente no quieren nada con alguna de estas organizaciones antes nombradas, pues caminar con ellos es ganarse el cartel de andar junto al matón del barrio, o bien por considerar que pasó su momento y cualquier puente que se tienda hacia ellos viene a significar revivir cadáveres.

Uno de los actos de solipsismo más turbadores de los últimos tiempos, y que refleja la orfandad de algunas organizaciones, se ha producido este verano en el cerro Ñielol, en que el líder del CTT ha declarado que trabajarán por hacer realidad el autogobierno ¡ya!, de manera que a cinco años plazo esté totalmente montado. ¿Dónde? ¿En qué área geográfica? ¿Para el conjunto del pueblo mapuche o para qué comunidades? Esta declaración muestra una despreocupación total por el contexto político estatonacional y por el resto de los mapuche. Además no parece preocuparle que el intento de operar fuera de los marcos de Estado soberano, podría ser interpretado como sedición-secesión y en consecuencia ser reprimido. De hecho la CAM lo ha sido en la misma lógica, por pretender recuperar el territorio de los mapuche e instituir un poder político en esos territorios al margen de la legalidad estatal, y sin aliados entre los mapuche.

Algunos mapuche han intentado otras vías articulando alianzas con sectores de la sociedad estatonacional, en procura de dar salida a sus demandas; pero la experiencia allí no es del todo satisfactoria. La Asamblea de izquierda mapuche trabaja en esa lógica, pero se subordina a ella. Los militantes de izquierda dentro de partidos estatonacionales finalmente están subordinados a los lineamientos generales de sus partidos, y la cooptación por empleos que el Estado ofrece. Wallmapuwen y otros no tienen lazos sólidos con instituciones estatonacionaes, moviéndose en una lógica de desconfianza/confianza en que tratan de no hipotecar sus principios, pero a la vez no rehuir al compromiso. Esto lo ha llevado a establecer alianzas coyunturales electorales con el PRO así como ahora último con la candidatura de Marcel Claude. Pero nada que vaya más allá de una coyuntura específica, porque sienten que cada uno de esos aliados finalmente no entienden la problemática mapuche y se mueven en un ámbito de interpretaciones tradicionales de ella. Es decir, no comulgan del todo con sus demandas autodeterministas.

Pero donde quizá más se nota ese aislamiento de los mapuche en política estatonacional, es en su ausencia en grupos que están empujando por reformas importantes al sistema político de la sociedad estatonacional. Por ejemplo, aquellos grupos que están buscando una nueva Constitución para el país. La presencia mapuche allí es mínima y en general cuando se produce, corresponde a militantes mapuche de izquierda y no a aquellos que provienen del movimiento mapuche autonomista. He aquí un problema que requiere atención de este segmento del movimiento mapuche, si quieren ver sus ideas puestas en un paquete de reformas, y no terminar siendo los eternos objetos de la política. Hay un contexto mayor o estatonacional en que se desarrolla la política en Chile, que no debe ser descuidado por las organizaciones. Sin subordinarse en él a otras instituciones estatonacionales (partidos, por ejemplo), las organizaciones mapuche deben luchar por un espacio de representación en él, para que en condición de sujetos políticos pongan sus reivindicaciones y permitan que otros piensen y hablen por ellos.

Palabras finales.

He comenzado este artículo mencionando que el movimiento mapuche presenta síntomas de debilidad política en la transición del anterior gobierno al presente. He argumentado con razones que explican este estado, la existencia de una fragmentación política enorme que afecta no solo a quienes difieren profundamente en posiciones políticas, sino incluso a sectores que tienen posiciones muy parecidas: los autonomistas. También he dicho que contribuye a alimentar esa debilidad el estancamiento en las ideas que sufre el movimiento, a modo de un apagón en la imaginación política de escenarios futuros. Y, finalmente, he mencionado que el mesianismo de algunos de sus líderes afecta las posibilidades de concebir y realizar alianzas no solo con otros mapuche, sino también y de suma importancia con instituciones políticas de la sociedad estatonacional y grupos políticos y sociales al interior de la nación estatal. Si el movimiento no aborda estos temas con interés y seriedad, más otros que seguramente dejo sin tocar en este escrito, difícilmente tendrá incidencia en los eventos que se vienen o producirán durante esta administración, y en consecuencia tendrá que conformarse una vez más con migajas. De esa forma no se le hace ningún favor al conjunto del pueblo mapuche.

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